Suplementos adicionales que permiten conciliar el sueño

El tener un sueño de alta calidad es tan importante para la salud general como comer bien y hacer ejercicio regularmente.

Sin embargo, mucha gente tiene problemas para conciliar el sueño, se despierta con frecuencia o no se despierta sintiéndose descansado. Esto hace que sea difícil mantener una salud y bienestar óptimos.

Esto puede deberse a varios factores y habrá que identificarlos y descartarlos de a poco a menos que ya tengas una idea sobre lo que está afectando tu descanso.

Podemos comenzar descartando el dormitorio, esto incluye el colchón, las almohadas y las condiciones del lugar.

Contar con un buen colchón que se ajuste a tu biotipo y sea del tamaño adecuado es importante tenerlo en cuenta. Definitivamente no es lo mismo descansar en un colchón king size que en uno individual y si éste tiene chipotes o es confortable. Lo mismo pasa con las almohadas, nada como una que ajuste tu nuca.

Lo mismo pasa con la habitación, si no tiene suficiente circulación de aire y te da luz por la noche o está llena de cosas electrónicas o con mucho ruido exterior… es como querer dormir dentro de una discoteca.

Al comenzar con esto puede darte luz para un siguiente paso como los son el incluir nuevos hábitos de higiene sobre el sueño como el meditar, hacer un ejercicio de ralajación, tomar un té, leer un poco, escuchar música suave… todo previo a tu descanso.

O usar recursos naturales que te ayuden a conciliar tu sueño como la melatonina y la glicina, la raíz de valeriana y la flor de la pasión, el magnesio y la aromaterapia de lavanda.

O el considerar ir al médico para ver qué está sucediendo.

En algunos casos muy particulares, se llega al recurso de utilizar ciertos tipos de suplementos.

Existen muchos suplementos adicionales para dormir en el mercado. Sin embargo, no todos son apoyados por la investigación científica y es por ello que deben ser respaldados y mejor aún, autorizados por tu médico.

La siguiente lista describe algunos suplementos que pueden ser beneficiosos para dormir, pero requieren más investigación científica.

  • Triptófano: Un estudio informa que dosis tan bajas como 1 gramo por día de este aminoácido esencial pueden ayudar a mejorar la calidad del sueño. Esta dosis también puede ayudarte a conciliar el sueño más rápido.
  • Ginkgo biloba: El consumo de 250 mg de esta hierba natural 30-60 minutos antes de la cama puede ayudar a reducir el estrés, mejorar la relajación y promover el sueño.
  • L-Teanina: El consumo de un suplemento diario que contiene 200-400 mg de este aminoácido puede ayudar a mejorar el sueño y la relajación.
  • El kava es otra planta que ha sido vinculada a efectos de fomento del sueño en algunos estudios. Se origina en las islas del Pacífico Sur y su raíz se prepara tradicionalmente como un té, aunque también puede consumirse en forma de suplemento. Sin embargo, el uso de kava también se ha relacionado con daño hepático severo. Por esta razón, es mejor evitar este suplemento.

La idea en general es el ayudarte a que encuentres descansar después de un día de trabajo, que concilies el sueño y tengas un sueño reparador para despertar llena de energía, con una mente despejada y de buen ánimo para continuar con tus actividades.

¿Cómo sobreviví a la dermatitis?

La dermatitis es una enfermedad incurable (una disculpa por decirlo así, de golpe) pero que se puede controlar en cuanto es detectada. Les voy a contar mi historia y quizá les sirva, pero recuerden que no todas las personas son iguales y el problema es diferente en cada cuerpo.

La decisión de escribir se me ocurrió después de que mi hermana fuera al médico para realizarse ultrasonidos, uno para saber si el bebé que espera está sano y otro en los riñones, ya que sentía dolores que le impedían realizar sus actividades con normalidad. Todo salió bien, excepto porque uno de los doctores detectó una erupción en su vientre, por lo que inmediatamente lo relacionó con dermatitis, pues creyó que podía ser parte de los genes de la familia, ya que yo sufro de ese problema. Sólo le recetaron una pomada, ya que le médico le dijo que parecía ser una irritación, lo que resultó ser verdad.

Mi historia con la dermatitis se remonta a cuando era un niño de apenas unos 10 u 11 años. Me daba una comezón terrible en la parte de atrás de las rodillas y los codos, me rascaba, se me ponía roja la piel y cuando sudaba me ardía. Ante esta situación, mi mamá decidió llevarme con doctores que le recetaban pomadas y tras un par de días de usarla, todo desaparecía y no volvía. Cabe mencionar que ninguno de los médicos dijo que era dermatitis, sólo lo tomaban como irritación.

Así pasaron muchos años, sin comezón, hasta que cuando tenía 23 años volvió, más fuerte que nunca. No sé en qué parte del cuerpo inició, pero el enrojecimiento se expandió y se expandió, hasta cubrir gran parte de cuerpo. Piernas, brazos, pecho, abdomen, espalda y, lo peor, la cara (justo en la frente).

Traté de sobrevivir sin visitar a un doctor, la economía no me lo permitía, pero llegó un momento que de tanto rascarme me sangraba las áreas enrojecidas, me ardía cuando me bañaba, cuando sudaba, cuando me daba el sol y la comezón era una constante. No podía dejar de rascarme y, por consiguiente, lastimarme. Hasta que no pude moverme, cualquier roce o contacto con la ropa me provocaba dolor, así que me llevaron con una dermatóloga, que me recetó alguna pomada y una crema para piel ‘especial’. Funcionó, a la semana ya no tenía nada, pero la alegría duró poco, porque en cuanto dejé de ponerme la pomada, la irritación apareció en todos los lugares donde había estado, por lo que repetí la dosis pero esto se convirtió en un círculo vicioso. Pomada, desaparecer, felicidad, volver, tristeza y repetir.

Ya no podía más, deje de usar la pomada porque me dijo la dermatóloga que si la usaba demasiado me afectaría la piel, consecuencias que no estaba dispuesto a asumir. Acepté la sugerencia de un doctor que era amigo de la familia de ir con un alergólogo, quien me hizo pruebas de sangre y directas en la piel para conocer a qué era alérgico. Los resultados fueron que tenía varias alergias pero en rangos mínimos, por lo que me recetó inyecciones.

Me las ponía tres veces por semana, seguí el tratamiento al pie de la letra hasta que después de unos meses desapareció la dermatitis. Han pasado ya dos años desde la última inyección y, aunque vivo con comezón constante pero que puedo controlar, la irritación no ha vuelto a hacerse presente y vivo feliz. Sólo debo tener cuidado con el estrés o con las cosas a las que soy alérgico, no me las prohibieron pero debo conocer mis límites.