Calzado para diabéticos. Si te queda bien, llévatelo

Cuando se trata del cuidado de las heridas de una persona diabética, el calzado es uno de los elementos más importes a cuidar, por lo que la evaluación del calzado es vital para evitar cualquier contingencia de riesgo.

Sí, así de contundente y delicado es el tema del calzado para los diabéticos

Los médicos saben lo devastador que resulta una amputación para los pacientes diabéticos y lo más triste de este caso es que alrededor de un 50% de las amputaciones del pie diabético es un resultado directo por llevar un calzado inadecuado.

¿Sorprendido?

Desafortunadamente esta cifra asombrosamente es real.

La buena noticia es que está, paradójicamente hablando, en nuestras manos el poder hacer algo al respecto, esto es, si se consigue que una persona con pie diabético use zapatos apropiados, podemos pensar en contrarrestar una posible afectación que lleve a la persona a una terrible amputación y pertenecer en la medida de lo posible del otro lado de las estadísticas.

Por lo anterior, es vital que una persona diabética tome en serio y con mucha responsabilidad, lo que se coloca y usa en sus pies, desde calcetines hasta su calzado.

Por ello es importante que sea capaz de evaluar adecuadamente los patrones de ajuste y desgaste del calzado que desee adquirir.

En este caso, será el médico que apoye en este proceso de observación por lo que para comenzar se le pide al paciente que use los mismos zapatos durante el periodo de una cita a otra.

En esta evaluación, el paciente debe estar consciente de que está siendo evaluado, por lo que debe considerar ser responsable y solo usar el mismo calzado para este análisis ya que de esto dependerá el prevenir una lamentable ulceración del pie o el llegar a una amputación.

Ahora bien, ¿qué es lo se observa durante esta evaluación?

Los dedos del pie no deben estar limitados, esto es, el calzado cerrado debe imitar a la perfección la forma del pie y los dedos deben moverse libremente.

Aquí es fundamental evaluar con mucho detalle a aquellas personas que tienen alguno de sus dedos más puntiagudo que el resto o tienen muy abiertos sus dedos.

Lo ideal es que el calzado ofrezca un ajuste firme y ajustado, tomando en cuenta que deberá existir 1 cm entre el dedo más largo y el extremo del zapato, esto cuando el paciente está de pie. Con este margen se evitará la presión en la parte superior de los dedos o en las uñas de los pies.

Los talones deberán tener una altura de 2.5 cm ya que cuanto más alto sea el talón, mayor será la presión sobre el tendón de Aquiles. Esto puede conducir a una mayor formación callosa y por consiguiente ulceraciones.

De ahí que es importante mantener un talón firme en donde se sostengan ambos lados del talón entre el pulgar, el índice y el empuje. Si el talón se comprime, no dará al paciente suficiente apoyo al caminar.

Es importante que el calzado pueda tener cordones, hebillas o elásticos para mantenerlos en su lugar, obviamente sin que esto lastime la piel.

Otro punto a evaluar también es el que el calzado no roce la parte superior de los dedos, ya que esto puede aumentar la posibilidad de formación callosa o ulceración.

Por último y no menos importante, es contar con un calzado con amortiguación, para absorber el choque y reducir la presión sobre los pies junto con un material que ayude a respirar al pie, por lo que habrá que evitar aquél calzado hecho a base de plástico o de vinilo, ya que pueden fomentar las infecciones por hongos.

Como notarás, no es difícil contar con un calzado que ayude a tu pie a que se mantenga libre de callosidades y ulceraciones además de que te brindará confort y tranquilidad.