Ideas para empezar el año

Estamos en la recta final de 2016, un año que muchos calificaron como el peor que se ha vivido en lo que va de la centuria, debido a todas las pérdidas, crisis y conflictos que ocurrieron.

Sin embargo, la mayor parte de la humanidad aún tiene ganas de celebrar y mantiene la esperanza de que con esfuerzo, trabajo y acaso un poco de suerte, logrará revertir todos los pronósticos nefastos que ya se anuncian para 2017.

Como bien sabemos, una de las tradiciones con las que se recibe al nuevo año es la de hacer propósitos que impliquen alguna mejora en nuestras vidas y que esperamos cumplir a lo largo del ciclo que comienza.

Muchos hacen listas y las guardan en algún lugar especial; otros se limitan a mantener esos propósitos en la mente; pero el caso es que la mayoría de las personas quieren iniciar el año con algún nuevo objetivo por cumplir.

Lo anterior es importante, pues aunque suene un tanto ingenuo, las metas y expectativas son algunas de las cosas que nos mantienen activos y nos impulsan a seguir adelante. Cuando llegamos a un punto en el que nuestros principales objetivos se han cumplido, debemos valorar la trayectoria que hasta el momento hemos seguido y fijarnos nuevas metas; de lo contrario, la existencia comenzará a vaciarse de sentido y llegará el momento en que sucumbiremos ante la apatía.

Es por esto que la tradición de los propósitos de año nuevo me parece muy valiosa; pero no así la infortunada tradición, que también se cumple puntualmente cada año, de abandonar esos propósitos conforme pasa el tiempo.

Las membresías del gimnasio sólo se utilizan los primeros meses del año; la dieta también suele mantenerse las primeras semanas, cuando todavía estamos en shock por el peso que ganamos. El propósito de pasar más tiempo con la familia o los amigos se va dejando cuando aparecen los primeros conflictos o cuando permitimos que el trabajo nos consuma de nuevo.

En fin, el caso es que por más loables y buenas que sean nuestras intenciones, rara vez conseguimos que la voluntad se aferre a ellas y que la perseverancia nos asista para trabajar por cumplirlas, sin importar cuán difícil sea.

No obstante, creo que los propósitos no sólo dejan de cumplirse por falta de voluntad y constancia, sino porque con frecuencia nos fijamos expectativas demasiado altas o cuyo cumplimiento no depende sólo de nosotros.

Quien desea mejorar la relación con su familia, por ejemplo, no siempre considera que lo anterior es un trabajo de equipo; quiero decir que por mucho que yo me esfuerce, la situación no progresará si lo hago a solas y si el resto de la familia no desea, no puede o no sabe qué hacer para cambiar las dinámicas de la relación.

El caso de la dieta y el ejercicio puede parecer uno que depende por completo de la persona que se hace tales propósitos. Pero si la dieta o el plan de entrenamiento que elige no son los adecuados para ella, es natural que le sea difícil perseverar.

Por eso, mi idea para empezar este nuevo año no es la de hacer listas de propósitos que desde ahora intuyo que acabaré por abandonar. En vez de ello, me concentraré en aspectos sencillos y más accesibles, pero igual de importantes, pues al cumplirlos lograré mejoras en varios aspectos de mi vida.

Uno de esos aspectos, por superficial que parezca, será el del descanso. Este año decidí que en vez de invertir parte de mi aguinaldo en una membresía del gimnasio, que no siempre podré usar, o en accesorios y ropa que pueden ser muy lindos y modernos, pero que realmente no necesito, lo destinaré a comprar un colchón king size de memory foam.

Parece un regalo de fin de año muy aburrido, ¿cierto? Pero, después de mucho pensar, analizar mi rutina y buscar las causas por las que no siempre rindo al cien por ciento en el trabajo, el entrenamiento y hasta en mi vida personal, concluí que un factor crucial es el descanso o, mejor dicho, la falta del mismo.

Debido a mis diversas ocupaciones, no siempre duermo lo suficiente y lo peor de todo es que durante esas pocas horas de sueño, no consigo un descanso profundo. Esto provoca que despierte sin ánimo ni energía, por lo que si bien podría dedicar al menos 15 minutos a una rutina de ejercicios, no me siento con fuerzas para hacerlo.

Esa sensación de cansancio también me pone de malas y tal estado de ánimo, aunado al caos matutino de la ciudad, provoca que al llegar a la oficina no me encuentre con el mejor humor ni en la mejor disposición para cumplir con mi trabajo. Tal desgano provoca que hasta las actividades más sencillas me cuesten trabajo y debido a los retrasos, no consigo salir a mi hora.

Y es cuento de nunca acabar, porque llego tarde a casa, duermo tarde y para colmo, no descanso bien porque, entre otras cosas, mi viejo colchón ya no es nada cómodo. Aunque un colchón king size nuevo y de mejor material no solucionará todos mis problemas, sí me permitirá descansar mejor; con ello conseguiré despertar más animado y lleno de energías y esta buena disposición permitirá que me organice, rinda mejor y encuentre más tiempo para el descanso.

Mi propósito, por tanto, es transformar un círculo vicioso en uno virtuoso; y no en lo que se refiere a un ámbito complejo de la existencia, sino en uno sencillo, pero fundamental, como el descanso. Parece poca cosa, pero el lograrlo podría generar importantes cambios.