La familia, un aspecto importante para combatir la calvicie

La calvicie o alopecia se ha convertido en uno de los problemas que más daños emocionales provocan en los seres humanos, quizá porque vivimos en una sociedad que valora más el aspecto física que el emocional. Por eso este padecimiento provoca depresiones y baja autoestima, por lo que estar rodeados de gente que nos quiere por lo que somos y siempre está a nuestro lado para ayudarnos, es de vital importancia para superar este obstáculo que la vida nos pone enfrente.

Permíteme contarte mi historia con la cual podrías sentirte identificado y espero puedas poner en práctica algún fragmento que te funcione, pues no todos somos iguales y no todas las personas contamos que gente a nuestro alrededor, lamentablemente. Yo inicié con mi problema de alopecia a los 25 años, una edad en la que no esperas que se te caiga el pelo. Quizá piensas que es normal tener entradas o que el pelo no te crezca tanto, pero cuando comencé a ver huecos en mi cabeza, sentí que el mundo se me venía abajo, pues el pelo es algo esencial y que no esperas perder desde joven, sino hasta los 35 o 40 años. Me había robado diez años o más de vivir con mi cabello.

Traté de ocultar mi falta de cabellera con diversos peinados, usando gorras (lo cual resultó contraproducente) y hasta dejándomelo lo más largo que pudiera, pero no era lo suficiente para disimular. Asustado y desesperado le dije a mis padres que me llevaran al médico, quien me dijo que mi padecimiento era genético, alguno de los genes maternos o paternos me estaba provocando la caída del cabello. Así que tras algunos análisis me dijo que podíamos probar con un tratamiento para la calvicie, pero que no me aseguraba que fuera a funcionar, ya que cada cuerpo actúa diferente y al no ser por causa de una enfermedad, era más complicado regenerar el cuero cabelludo.

Comencé con el tratamiento pero me adentraba cada vez más a una depresión. No quería salir con mis amigos, me la pasaba encerrado en mi cuarto y enojado todo el tiempo. Socializar con quien sea me provocaba flojera y repulsión, como si ellos tuvieran la culpa de lo que me estaba sucediendo. A pesar de mis malos tratos, mis arranques de ira y que les recriminaba por haberme hecho tan defectuoso, mis padres no decían nada para contradecirme, sólo me apoyan y me demostraban su cariño, no me dejaron tocar fondo. No imagino el esfuerzo que hicieron para soportar a un hijo malcriado que los culpaba de algo que ellos no tenían la culpa, pero yo quería que alguien la tomara.

Mi madre me acompañaba a hacerme el tratamiento, buscaba remedios caseros y platicaba conmigo. Me decía que no era un problema tan grave, que todo mejoraría y que mi cabello no me definía ante nadie, mucho menos las chicas. Por su parte, mi padre me daba ánimos, me llevaba a comprar libros en los cuales me podía refugiar, me llevaba a su trabajo para olvidarme de todo y pasábamos los fines de semana jugando videojuegos. Mi hermana no se quedó atrás, muy a su estilo, sin querer demostrar demasiado amor, me hacía bromas como que los pelones son más sexys y que me dejara la barba cuando me rapara para verme más malote.

Entre bromas, le tomé la palabra y me rapé, es cierto que la gente que conocía me hizo bromas y se burló por un par de días, pero después todo comenzó a fluir con normalidad. Incluso me sentí aliviado, pues en lugar de mostrar que estaba perdiendo pelo, les mostré que ya no lo necesitaba, que no me importaba ser calvo y comencé a vivir una nueva vida, con más ánimo y confiado de mí mismo. Todo gracias a la fortaleza que me imprimió mi familia.