Lo que unas vacaciones pueden hacer por tu salud

Este inicio de año ha sido uno particularmente difícil en la oficina. Y no precisamente porque los gasolinazos, los conflictos internacionales y la descomunal subida del dólar nos hayan afectado demasiado; si bien nadie ha salido indemne ante tales circunstancias, nuestras finanzas y nuestra cartera de clientes han resultado lo suficientemente saludables y el panorama no se perfila muy desalentador.

Lo que nos ha tenido a todos en jaque durante estas dos semanas ha sido el virus de la gripe, que en esta ocasión atacó ferozmente a varios de los colaboradores, incluyendo a un servidor. Por fortuna ya vamos saliendo, pero la verdad es que la situación nos alarmó bastante, al punto de que tomamos diversas medidas de seguridad y prevención.

Algunos optaron por comprar un seguro médico, ya que constataron las graves carencias del Seguro Social, así como las muchas limitaciones de sus servicios. Otros nos tomamos más en serio eso del estilo de vida saludable, así que nos apresuramos a reservar consultas con el nutriólogo, para llevar una mejor alimentación, y también a inscribirnos al gimnasio, ahora sí, con la firme intención de asistir.

Un compañero, quien necesitó un par de semanas y al menos tres tratamientos para recuperarse, hizo algo que, en principio, me pareció un poco extraño. Cuando estuvo de regreso en la oficina, totalmente recuperado, noté que invertía parte de sus recesos en hacer búsquedas como “viajes por la república mexicana”, “hoteles en Cancún” o “vuelos baratos”.

Digo que tal comportamiento me pareció extraño, porque mientras todos hacíamos búsquedas relacionadas con el cuidado de la salud, él ya tenía la mente en las próximas vacaciones. Un día, cuando coincidimos en la salita del café, comenzamos a platicar y me explicó el motivo por el cual había estado tan concentrado en la búsqueda de viajes.

Me dijo que cuando fue al médico que al fin le dio el tratamiento adecuado, el especialista le preguntó, entre otras cosas, cuál había sido la fecha de su último viaje de vacaciones. Mi colega se sorprendió al tener dificultades para responder, pues le costaba trabajo recordar la última ocasión en la que había viajado tan sólo por placer.

El médico le dijo que esa situación de estrés y falta de descanso, junto con otras condiciones adversas, había causado que sus defensas estuvieran muy bajas y por ello el virus de la gripa, que normalmente podría tratarse con antihistamínicos, vitaminas y reposo, estaba atacando con fuerza y se resistía a varios medicamentos.

El doctor también le recomendó que, en cuanto tuviera la posibilidad, se tomara unas buenas vacaciones, pues unos días de relajación, esparcimiento y abandono de la rutina, pueden hacer mucho por la salud.
Uno de los principales beneficios de viajar es el cambiar de ambiente y salir de la rutina. Esto no sólo significa que podríamos pasar de un clima frío a uno más cálido y agradable, o bien a uno menos contaminado, sino que por unos días podemos entrar en un ritmo de vida distinto, en el que no lidiamos con las mismas preocupaciones o factores que detonan el estrés.

Al viajar también tenemos más actividad al aire libre; desde el simple hecho de caminar para visitar un sitio arqueológico o un museo, hasta nadar en el mar o en la alberca. Si bien esto no sustituye a una rutina diaria de ejercicio, sí es mucho mejor que pasar la mayor parte del día sentado y hasta puede servir de motivación para continuar con las prácticas deportivas a nuestro regreso.

Por último, está el hecho evidente de que los viajes de placer relajan. Aunque también hagamos muchas actividades y hasta tengamos un mayor cansancio físico, éste sin duda es de otro tipo, pues no es lo mismo el agotamiento resultante del estrés y el exceso de trabajo, que a veces no nos permite siquiera dormir bien, que un cansancio resultante de surfear en el mar, ir de excursión o practicar montañismo. Si bien esto último tiene un mayor impacto físico, ese gasto de energía nos dispone a descansar mejor, lo cual, a su vez, nos permite recuperar la energía.

Así que ahora entiendo mucho mejor a mi colega y estoy dispuesto a seguir su ejemplo. Este año, no dejaré pasar mis vacaciones.