No es por ser aguafiestas pero, ¿ya te pesaste?

¡Ah, la Navidad! Para muchos es la época preferida del año, por sus fiestas, sus luces, su espíritu de armonía y generosidad (al menos en teoría) y, por supuesto, sus manjares y bebidas.

Respecto a esta última cuestión, es bien sabido que diciembre se asume como el mes de los excesos en muchos países occidentales. En México, el caso es particularmente especial, porque las celebraciones se inauguran el 12 de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe. De ahí que nuestra temporada navideña sea popularmente conocida como el “Maratón Guadalupe-Reyes”.

Después del 12 de diciembre, fecha que también eligen algunas empresas para organizar la tradicional comida de fin de año, aguardamos el inicio de las Posadas el día 16. Y para que esos cuatro días que hay en medio no se queden “huerfanitos”, inventamos el concepto de la pre-posada, lo cual no es más que una fiesta que nos da la ocasión de reunirnos, celebrar, comer y hacer de diciembre “el viernes del año”.

Está muy bien divertirse, descansar, reencontrar a la familia y los amigos, y deleitar el paladar. También es muy loable, aunque siempre ingenuo, el propósito de que ya en enero comenzaremos la dieta y la rutina de ejercicios. Sin embargo, debemos comprender que alimentarnos de manera balanceada no significa darnos tremendos atracones en diciembre y matarnos de hambre en enero. Nuestro cuerpo no funciona así y todos los excesos en los que caigamos durante la temporada navideña, o en cualquier otro momento, eventualmente nos pasarán factura.

Según datos de la Secretaría de Salud, los mexicanos llegamos a subir hasta tres kilos, a causa de las posadas, las cenas y los recalentados decembrinos. Parece poco y algo que fácilmente bajaremos después de arduas sesiones en el gimnasio. Sin embargo, la cosa no es tan sencilla.

El organismo se habitúa rápidamente, tanto a las prácticas saludables como a las perjudiciales; de hecho, estas últimas son más fáciles de adquirir, pues implican sensaciones placenteras (comer lo que nos gusta, despertarnos más tarde o reducir el esfuerzo físico). Si pasamos varias semanas comiendo alimentos ricos en grasas y azúcares, olvidándonos de las frutas y verduras frescas, y evitando el ejercicio, el cuerpo se acostumbrará a ello y le será difícil retomar el estilo de vida saludable.

Dirás que todo se soluciona con fuerza de voluntad y en parte es cierto. Pero algunos organismos son más vulnerables a estos cambios en la alimentación y pueden desarrollar una auténtica adicción a los azúcares, los carbohidratos o las grasas.

Grave también es la situación de las personas con enfermedades crónicas, como la diabetes. Si un paciente con esta enfermedad se descuida en la temporada de fiestas, no sólo tendrá que lidiar con unos cuantos “kilitos de más”, sino que al iniciar el nuevo año podría enfrentar problemas como la retinopatía diabética, debido a la drástica subida de azúcar.

Por todo lo anterior y, en verdad, si ánimo de arruinarte lo último del “Guadalupe-Reyes”, te pregunto, ¿estás controlando tu alimentación y tu peso en esta temporada? Si es así, felicidades; ya tienes una razón más para celebrar el 31 de diciembre. Si no, todavía estás a tiempo de disfrutar los manjares de la temporada sin que ello implique un descontrol para tu metabolismo.

Te dejo algunas sugerencias para que puedas lograrlo:

  • Prepara platillos saludables. El sabor no está peleado con la buena alimentación. Nuestra gastronomía tiene platillos ricos en vitaminas, proteínas y grasas saludables, que además son una delicia. La cocina vegetariana es otra opción saludable, especialmente para quienes no pueden consumir carne roja. Y si no puedes resistirte a los platillos tradicionales, utiliza ingredientes saludables, como margarina o aceite vegetal en vez de mantequilla, crema baja en grasas y poca sal.
  • No dejes de hacer tus tres comidas. No desayunar para darte un atracón en la comida o la cena es lo peor que se te puede ocurrir porque, en efecto, terminarás por ingerir más de lo que debes en una sola comida y tu cuerpo tardará más en metabolizar toda esa energía. Si tendrás una comida o cena en las que habrá mucho por probar, toma un desayuno ligero, rico en fibra y después algún refrigerio de frutas o vegetales frescos. Esto no evitará que comas con gusto, pero sí te ayudará a moderarte.
  • Mantén tu rutina de ejercicios. Y si no la tienes, ¡empieza una! Si las fiestas y ocupaciones del mes no te dejan tiempo para el gimnasio, al menos camina en vez de usar el auto; usa las escaleras y no el ascensor; busca rutinas de ejercicio sencillas, que puedas hacer en casa. En fin, no pierdas tu activación física con el pretexto de las fiestas.
  • Las desveladas son otro clásico de la temporada, pero también son ocasiones propicias para comer de más e impedir que el organismo lleve a cabo sus funciones normales. No digo que te pierdas todas las fiestas, pero sí que combines las inevitables desveladas con varias noches de buen descanso. El sueño tampoco se repone, pero es mejor que la desvelada sea ocasional y no sistemática.

Como verás, cultivar los buenos hábitos no es imposible ni particularmente difícil. Cuídate y ten un muy feliz Año Nuevo.