Si ser mejor es tu propósito…

Estamos en los primeros días del año y es posible que, para este momento, ya nos hayamos enfrentando a las primeras adversidades de un ciclo incierto.

Es muy probable que con el regreso a clases te tocaran los primeros embotellamientos o las primeras batallas por un espacio en el transporte público. También puede que los días de frío intenso te dejaran con una gripe o que al pesarte, después del Guadalupe-Reyes, la báscula te diera uno de los primeros disgustos del año.

Todo lo anterior, sin mencionar los “gasolinazos”, los conflictos internacionales, la cuesta de enero y la inminente toma de posesión de Donald Trump.

Pero, si a pesar de tantas malas noticias te afianzas en el optimismo y piensas que, por lo menos en terreno personal, harás todo lo posible por que las cosas marchen bien, vas por el camino correcto. Cuando más difícil se presenta el panorama, mayor debe ser la confianza en nosotros mismos.

Si el crecimiento personal está entre tus propósitos para este año, probablemente ya tienes alguna idea de hacia dónde orientar tus esfuerzos o de cuáles son las áreas que debes mejorar. Pero si todo lo que anotaste en tu lista es la vaga idea de “ser mejor”, necesitas concretar tus intenciones, para que al final del año no termines con una decepción.

Cuando pensamos en “ser mejores”, tendemos a fijarnos expectativas que a veces sobrepasan, por mucho, no sólo nuestras capacidades, sino lo humanamente posible. Nos imaginamos como los profesionales y compañeros de trabajo que siempre tienen la solución acertada o que nunca se enfadan y protestan; como los amigos que siempre están ahí, dispuestos a darlo todo por los seres queridos, o bien como los hijos, padres o esposos perfectos.

Pero por más nobles que sean todas las intenciones como las anteriores, la realidad es que somos humanos y en algún momento fallamos, nos equivocamos o perdemos los estribos. Ahora bien, esto no quiere decir que debamos adoptar una actitud conformista y renunciar al anhelo de ser mejores. A lo que me refiero es a que podemos delimitar mejor nuestras expectativas, para trabajar aspectos concretos, en los que sí podamos identificar un avance.

Estas son algunas ideas de cómo hacerlo:

  1. Concéntrate en un ámbito específico y piensa qué más podrías lograr en él

Si se trata del ámbito laboral, por ejemplo, pregúntate qué te gustaría cambiar de tu situación actual o qué metas te gustaría lograr; ¿conseguir un ascenso?, ¿ganar más?, ¿incrementar tus conocimientos? Ordena tus prioridades, identifica qué puedes hacer para conseguirlas y considera incluso si un esfuerzo podría ayudarte a lograr varios objetivos. Por ejemplo, si eres un profesional de la salud y quieres incrementar tus conocimientos, mejorar tu posición y recibir un mejor sueldo, tu opción podría ser tomar un curso de actualización o un diplomado en la Academia Nacional de Medicina.

  1. Considera las principales dificultades del año anterior y trata de encontrar su origen

A veces, los problemas que llegamos a tener, por muy distintos que parezcan, emanan de una fuente común. Ésta puede ser una actitud o un hábito, que nos arrastra a todo tipo de situaciones negativas, sin que no demos cuenta. Un ejemplo puede ser el levantarse tarde, lo cual puede acarrearte desde problemas de salud, porque nunca te da tiempo de desayunar, hasta conflictos laborales, porque siempre llegas tarde. Identifica esa costumbre problemática y trabaja para cambiarla.

  1. Examina tus distintos entornos e identifica lo que no te permite funcionar en ellos

Por “entornos” puedes entender tu círculo de amigos, tu ambiente de trabajo, tu familia y relaciones cercanas o tu hogar. Si has tenido problemas o te sientes incómodo en uno o en varios de ellos, busca la causa del problema y enfócate en solucionarla.

Tal vez te parezcan metas muy sencillas o restringidas, pero conforme las alcances, podrás afianzarlas y fijarte otras. Y al llegar al final del año, tendrás la satisfacción de contar tus logros.